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Nuevas especies en la Caldera de Luba

miércoles, 30 de mayo de 2007

Una de las arañas encontradas en la Caldera. (Foto: UCM)

El tesoro biológico que esconde la caldera de Luba, en la isla guineana de Bioko, poco a poco deja de ser un misterio. Más de 2.000 especies de flora y fauna, de las que muchas, previsiblemente, serán endémicas de este lugar y desconocidas para la comunidad científica, llenaban en el viaje de retorno el equipaje y las expectativas de los seis exploradores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) que han participado en la aventura.

A falta del análisis botánico y faunístico de todo lo hallado en el interior de este cráter africano (sólo de mariposas han encontrado casi 500 diferentes), los expedicionarios se sienten plenamente satisfechos con el resultado. "Hemos explorado cerca del 15% de la caldera y seguro que hemos traído especies nuevas porque es uno de los lugares más lluviosos de la Tierra, con 14.000 metros cúbicos de lluvia al año, y un ecosistema muy cerrado", asegura Ignacio Martín, profesor de Zoología Forestal de la UPM y promotor de este proyecto.

Una vez en la playa de Moraca, en la isla de Bioko, subieron por el cauce de un río hasta los campamentos utilizados el año anterior pertrechados con cientos de kilos de material. "Yo tenía que herborizar la caldera. Coger muestras de plantas con flor y fruto. Lo primero que pensé cuando ví aquella densa masa verde es si podríamos entrar. Me sentía muy pequeña en aquel lugar. Lo que peor llevaba eran las hormigas que estaban bajo las hojas y mordían, y las arañas. Tremendas. Siempre evitaba ir la primera", reconoce Patricia Barberá, una de las estudiantes que participaron en la aventura africana.

Cada día, por delante de los exploradores, un grupo de guineanos se ocupaba, machete en mano, de ir abriéndoles el camino. Aún así, era imposible recorrer más de 600 metros al día, por lo que se quedaron a unos tres kilómetros del fondo del antiguo cráter.

Pero el objetivo era traer la mayor cantidad posible de material biológico y para ello recurrían a todos los métodos que el entorno permitía. "Para recoger las muestras más altas utilizamos pértigas o, con cuerdas y arneses, colocábamos una sábana en los árboles y recogíamos lo que caía encima. La flora, una vez en el campamento, se prensaba y se metía en alcohol para conservarla".

Pedro Paniagua, con el cazamariposas en ristre, se dedicaba a insectos y coleópteros. Por las noches, uno de los espectáculos más asombrosos era la trampa de luz: una sábana colgada en el interior de la selva que iluminaban con grandes focos. En unos segundos, un sinfín de insectos acudían a la llamada luminosa y quedaban pegados a la tela, momento que aprovechaban para cazarlos sin grandes dificultades.

No menos importante ha sido la tarea de Judith Muñoz, la joven responsable de ir mapeando el terreno con un GPS, una tarea que la densa vegetación de la caldera no le facilitaba. En total recogía unos 300 puntos geográficos diarios, que luego contrastaba con los mapas existentes en su ordenador. "Pensamos que la cartografía actual, que es de los años 50, no es correcta y se trata de que sea lo más precisa posible".

Desde el regreso, todo el equipo se ha puesto manos a la obra para clasificar los dos millares de especies que han traído. Se trata de averiguar si alguna de ellas es nueva para la ciencia, una posibilidad que Ignacio Martín Sanz cree "muy posible". "Queremos que de esta expedición salgan algunas tesis y publicaciones científicas", con la mente ya puesta en el viaje del próximo año. Para esa ocasión, espera poder aumentar el presupuesto, que es aportado por el Ministerio de Educación y Ciencia a través del rectorado de la UPM. "Este año, por falta de fondos, sólo pudimos ir seis investigadores, por lo que no hemos podido hacer un muestreo de mamíferos, ni de reptiles o pájaros. Hubiera supuesto un trabajo que, con los que estábamos allí, no era posible asumir".

Luba es un volcán que se hundió hace millones de años y que funciona como un embudo para el agua que cae en la zona. Su desagüe natural es el río Tudela, que había sido la entrada de las anteriores expediciones. Sin embargo, en la primera organizada por la UPM, Ignacio Martín Sanz y su compañero Daniel Salas optaron por penetrar por la pared del lado contrario, de 1.400 metros de altura. Tardaron una semana en llegar al fondo y cruzar al otro lado. Este año, los expedicionarios madrileños han vuelto a la entrada más fácil, por el cauce del río.

3 comentarios:

Sara dijo...

Hola Francisco

Acabo de llegar a este blog buscando información sobre la evolución de los mamíferos, ya que soy una estudiante de biología, y aunque ahora no tengo tiempo me guardo bien la dirección para ir echándole un vistazo.

Me he alegrado muchísimo de encontrar una página así, y también me he entristecido de ver que tiene la misma afluencia que el blog que llevo con dos amigas y que trata sbre naturaleza...

Pero seguiremos ahí, porque siempre habrá alguien a quien le llamemos la atención.

Änimo y espero que sigas adelante con él. Intentaré divulgarlo cuanto pueda por el bien de todos, y te invito a que visites nuestro blog hijosdegaia.blogspot.com

1 de junio de 2007, 10:47
Pepin dijo...

Esto de la Expedición a la caldera de luba es más antiguo que matusalén. Hay mando enlaces

http://www.raimonland.net/foro/index.php?s=8d9bf007d60c2f3568432f2f6e336dc0&showtopic=888&st=0

http://personales.ya.com/josumezo/2006/05/la-caldera-de-luba.html

1 de junio de 2007, 15:33
Anonymous dijo...
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