¿Qué es el genoma?

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ADN, cromosomas, genes...

Proyecto Genoma Humano

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Genoma de Neandertal

Genoma de Neandertal
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Vida en la Tierra

Vida en la Tierra
Organismos procariotas y unicelulares

El Lenguaje en el Homo Sapiens

jueves, 29 de marzo de 2007

Huesecillos del oído -yunque, estribo y martillo- de homínidos de la Sima de los Huesos (Atapuerca) y reconstrucción en un cráneo. Foto: El PaísLenguaje, medio de comunicación entre los seres humanos a través de signos orales y escritos que poseen un significado. En un sentido más amplio, es cualquier procedimiento que sirve para comunicarse. Algunas escuelas lingüísticas entienden el lenguaje como la capacidad humana que conforma al pensamiento o a la cognición.

Sin embargo, recientes investigaciones sobre los primates han demostrado que muchas de estas características no son exclusivas de los seres humanos. No obstante, se puede afirmar con cierta seguridad que el lenguaje humano posee características especiales. Los seres humanos relacionan una serie limitada de unidades gramaticales y de signos separados para formar un conjunto infinito de oraciones que bien pudieran no haber sido oídas, emitidas, leídas, escritas o pensadas con anterioridad. Los niños que todavía no han estudiado la gramática de su lengua establecen sus propias reglas empleando su capacidad lingüística, así como los estímulos que reciben de la comunidad lingüística en la que han nacido.

Entendido el lenguaje como la producción y la percepción de un idioma, hay que decir que evoluciona en la medida en que progresa la especie humana. Como sistema de comunicación, puede ser utilizado con los sistemas de comunicación de otros animales. Sin embargo el lenguaje humano tiene aspectos creativos e interpretativos que parecen marcar sus diferencias. Se cree que la comprensión de la lengua está ligada a la función que realiza una determinada zona del cerebro conocida como área de Broca. Hasta que se produjo esa especialización fisiológica, se creía que no había diferencias entre el lenguaje humano y el sistema de comunicación utilizado por otras especies animales.

Al parecer fue en la era de Neandertal cuando se inició el lenguaje, pero hasta la aparición del Homo sapiens no se dio una evolución lingüística significativa. Así pues, el lenguaje humano puede contar con 30.000 ó 40.000 años de existencia. La enorme diversidad de lenguas que hay en el mundo demuestra que una vez que apareció el lenguaje se produjeron los cambios a gran velocidad. No es posible saber si hubo una primera y única lengua, ni cuáles fueron sus sonidos, gramática y léxico. La lingüística histórica, que se encarga de descubrir y describir cómo y por qué surgieron las lenguas, apenas puede sugerir algunas hipótesis para explicar esta evolución.

Los chimpancés tienen la mandíbula mucho más larga que la laringe. Esta circunstancia les impide hablar, pero lleva aparejadas otras aptitudes: así, por ejemplo, son perfectamente capaces de tragar y respirar al mismo tiempo, lo cual es una habilidad común a todos los mamíferos que los homo sapiens disfrutan al nacer, pero van perdiendo conforme se desarrollan. El paleontólogo Ignacio Martínez lo explica muy gráficamente: "El precio que pagó la especie humana a la naturaleza a cambio de conseguir la facultad de hablar fue la posibilidad de morir atragantado".

El lenguaje es uno de los fenómenos más complejos de la naturaleza y tal vez el que mejor define a la especie humana: conocer su origen es conocer nuestros orígenes, conocernos mejor a nosotros mismos”, asegura Juan Carlos Gómez, doctor en Psicología por la Universidad Complutense y profesor de la Universidad de Saint Andrews, de Edimburgo.

Pero saber cómo surgió el lenguaje es una de las más fatigosas y complicadas tareas a las que se pueden enfrentar los investigadores que centran su trabajo en el pasado. “No sabemos cómo se comunicaban nuestros ancestros. Suponemos que la manera en que se comunican hoy chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes puede parecerse a las formas de comunicación que usaban algunos de nuestros ancestros antes del surgimiento del lenguaje… pero no tenemos pruebas fidedignas de ello”, asegura Gómez.

Ese es uno de los principales problemas: la falta de pruebas, de evidencias directas. Pero se está trabajando desde distintos campos para llegar a nuevas conclusiones. “En la actualidad se siguen métodos y técnicas muy diversas procedentes de diferentes disciplinas: desde estudios sobre comportamiento de primates actuales, hasta estudios de registro de la actividad de nuestro cerebro para ver qué partes son las responsables de nuestro lenguaje. Otras estudian cómo adquieren los niños la lengua materna, cuáles son las características del lenguaje de signos de las personas sordas, en qué se parecen y difieren las distintas lenguas del mundo…etc”, explica el especialista.

Todavía no se sabe cómo y cuándo empezaron a hablar nuestros ancestros. Hay muchas hipótesis. “Unas hacen hincapié en el surgimiento del complejo aparato fisiológico que nos permite articular palabras habladas, otras en la complejidad cognitiva que hay detrás de la palabra hablada y que podría haberse expresado originalmente mediante gestos. Pero todas se enfrentan a la escasez de datos fidedignos”, señala Gómez. “Mi teoría”, prosigue el profesor, “es que no existe un origen del lenguaje, sino varios orígenes. El lenguaje no es una capacidad única y singular, sino una compleja articulación de capacidades diversas que nuestra evolución acertó a combinar de una manera singular”.

Evolucion Humana

martes, 27 de marzo de 2007

Sólo hace unos miles de años que se sabe de la existencia de una especie, el homo sapiens, pero si no hubiera perdurado esta especie, hubiera sido otra, como por ejemplo los neanderthales o los homo erectus.

A lo largo de la Historia han vivido más de 6.000 especies de monos, de los cuales, la gran mayoría se ha extinguido y en nuestros días existen alrededor de 120 especies. Los seres humanos y los monos modernos tienen antepasados comunes.

Algunas de esas especies ancestrales se desarrollaron y evolucionaron convirtiéndose en los monos de hoy en día, mientras que otro grupo siguió otra vía evolutiva diferente y se convirtieron en los seres humanos actuales. Saber qué sucedió y cómo es una tarea ardua y complicada. Sobre todo porque todo lo que se conoce es a través de los restos fósiles que se encuentran en los yacimientos.

Si tuviéramos que hacer un gráfico del proceso evolutivo del hombre no recurriríamos a una escalera, sino a una especie de árbol con ramificaciones. Serían distintos los senderos por los que habían ido las diversas especies de homínidos, pero si quisiéramos reconocer al primero que se podría llamar homínido, lo identificaríamos con la aparición del homínido bípedo (que anda sobre dos patas). Ésta es la característica que se asocia a la familia de los homínidos.

El primero existió en África del Este hace seis o siete millones de años. Sería un ser parecido a los simios de entonces, y en cierto modo sería bípedo aunque no completamente, ya que la bipedación se desarrollaría de manera gradual.

Luego este homínido hizo dos salidas desde África. Una primera por el Oriente Próximo y Medio hacia Europa protagonizada por el homo erectus hace 1.800.000 años, y así se pobló con homínidos todo el Viejo Continente. Homo erectus en Asia, homo erectus que evolucionarían hacía neanderthales en Europa y homos erectus en África que evolucionarían hacia homo sapiens.

Posteriormente, unos 200.000 años atrás vuelve a salir de Africa los homo sapiens y desplazan de Asia y Europa a los erectus y neanderthales. Nosotros somos la consecuencia de esta última salida pero aún no se sabe cómo los homo sapiens anularon al resto de especies.



Si observamos entre la bibliografía los libros publicados hace unos 20 años, con las últimas variaciones en la Paleoantropología, nos damos cuenta que aquel sencillo gráfico que reflejaba la Evolución del Hombre, desde el Australopithecus hasta el Homo Sapiens Sapiens, pasando por Homo Habilis, Homo Erectus y Neandertal, ya no tiene nada que ver con la complejidad de nuestro árbol genealógico actual.

La Inteligencia

sábado, 24 de marzo de 2007

Imagen de la película, 2001 Una odisea espacial

Una explicación materialista del origen de la inteligencia humana apostaría por un emergentismo gradual, algo que científicamente no está demostrado; es más, desde un punto de vista estrictamente científico todavía no se ha podido definir de una forma unívoca el concepto de "inteligencia", algunos científicos incluso creen que esto jamás podrá lograrse, al menos ese es el parecer de William H. Calvin cuando declara que: “Nunca habrá acuerdo universal sobre una definición de la inteligencia, porque es un vocablo abierto, lo mismo que conciencia”. Por su parte Juan Luis Arsuaga sostiene que: “eso que llamamos inteligencia es un concepto de difícil definición y muy problemática medida”. Esta dificultad facilita la confusión, de ahí que algunos científicos sostengan que ciertas especies de animales tienen inteligencia, mientras que otros la restringen exclusivamente al género humano.

Somos libres de especular y de suponer todo lo que queramos, pero hemos de ser conscientes de que debemos de distinguir entre lo que es un escenario evolutivo hipotético, de lo que es una verdad científica firmemente establecida, y lo cierto es que la ciencia no puede determinar con exactitud cómo surgió la inteligencia humana.

Por otra parte, si la inteligencia humana hubiese sido educida por emergencia gradual de las potencialidades de la materia, entonces cabría la posibilidad de que los animales tuvieran también inteligencia en un grado inferior. Este es, precisamente, el parecer de Arsuaga, cuando afirma que: “los seres humanos nos caracterizamos por poseer una inteligencia mucho más desarrollada que el resto de los animales”. Así, pues, en este punto Arsuaga coincide con Darwin, quien opinaba que los animales también tienen inteligencia, siendo la diferencia entre la inteligencia de éstos y la de los humanos una cuestión de grado, pero no de esencia.

El cerebro, base de la inteligenciaEl debate sobre cómo se originó la inteligencia humana lejos de estar resuelto sigue siendo en nuestros días motivo de controversia. A partir de finales de los ochenta del siglo pasado, pero sobre todo en los noventa, fue tomando cada vez más cuerpo una explicación de corte naturalista emergentista, en la que algunos científicos sugerían que un cambio en la dieta de los homínidos, introduciendo el consumo relativamente abundante de carne, habría dado lugar a cerebros más grandes en los que habría podido empezar a emerger la inteligencia. Entre estos científicos destacan Leslie C. Aiello y Peter Wheeler, quienes desde hace años viene llamando la atención sobre este punto. Según ellos, individuos con cerebros relativamente grandes tendrían la inteligencia mínima para ser los primeros en fabricar herramientas con las que romper las cañas de los huesos para poder acceder al tuétano, en donde se hallan los nutrientes más energéticos. De este modo una alimentación rica en grasas animales y en proteínas permitía un aumento progresivo del volumen cerebral. Y con dicho incremento un desarrollo progresivo de la inteligencia.

Sin duda alguna, la incorporación en cantidad importante de productos de origen animal a la dieta de los homínidos supuso el primer gran cambio en la historia de la alimentación humana. ¿Comían carne los Australopithecus? Es posible que los especímenes más recientes ya carroñearan. De hecho Pickford y Senut sugieren que Orrorin tugenensis, un supuesto homínido de seis millones de años de antigüedad, ya lo hacía. Hace dos millones y medio de años Homo habilis y Homo rudolfensis son los primeros homínidos de quienes tenemos certeza que consumían carne de animales, procedentes del carroñeo.

El cerebro es un órgano muy caro de mantener ya que, en un hombre adulto anatómicamente moderno, requiere un 20 % del gasto energético total de su cuerpo. El aparato digestivo, incluyendo unos intestinos muy largos, como resulta habitual en los herbívoros, también es muy caro de mantener en términos de consumo energético. La sustitución de una dieta casi exclusivamente vegetal, muy rica en celulosa, por otra en la que la carne, rica en proteínas, desempeñaba un papel esencial, permitió que aumentara el volumen del cerebro y disminuyera la longitud de los intestinos. Algunos han querido ver en este cambio de orientación en la dieta de los homínidos la causa remota del origen de la inteligencia humana.

Siguiendo el parecer de Ian Tattersall, el codirector de Atapuerca, considera que la inteligencia humana pudo haber surgido por un reajuste nunca antes experimentado de los elementos del cerebro, dando lugar a una propiedad absolutamente revolucionaria y radicalmente distinta: la inteligencia, se trataría, pues, de una propiedad emergente.

Los fosiles de El Sidron se unen a Genoma Neandertal

miércoles, 21 de marzo de 2007

Imagen de los restos hallados en El Sidrón (EFE)Los fósiles de individuos neandertales de hace 43.000 años hallados en la cueva de El Sidrón (Asturias), se incorporan ahora al proyecto internacional Genoma Neandertal, cuyo objetivo es obtener de aquí a dos años un borrador de los genes de aquella especie humana europea extinguida hace casi 30.000 años. El Genoma Neandertal se estaba haciendo exclusivamente con material genético extraído de unos fósiles del yacimiento de Vindija (Croacia), de hace 38.000 años, por lo que la extensión del proyecto a los fósiles de Asturias supone una enorme ventaja. El programa está dirigido por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania).

Las condiciones de conservación en esta cueva son tan óptimas que se han encontrado ya más de 1.300 restos neandertales muy bien conservados, y ya se ha extraído ADN de dos especímenes diferentes. Hasta el momento se han identificado en el yacimiento fósiles de nueve individuos neandertales.

Hay que destacar la importancia de que un grupo de investigación español participe con aportación material e intelectual en un proyecto que la revista Science consideró el segundo hito científico más importante de 2006.

Para buscar y recuperar el material genético, los investigadores tienen que hacer una minúscula perforación submilimétrica en el fósil, primero para retirar la capa superficial y luego para sacar la muestra no contaminada. Las nuevas tecnologías permiten secuenciar el ADN (identificando la secuencia de letras químicas que forman el genoma) muy rápidamente. En el programa participa la empresa estadounidense de alta tecnología 454 Life Sciences Corporation.

Sombras en la evolucion humana

martes, 20 de marzo de 2007

En libros escolares o divulgativos, y en museos o exposiciones públicas, se suele presentar esquemas de la evolución humana que muestran el paso de una especie a otra. Empiezan por un ser peludo y de largos brazos, que camina encorvado, y las figuras se van irguiendo hasta adoptar nuestra forma. En realidad, esas representaciones son altamente hipotéticas, pues las certezas de la ciencia sobre la filogenia de Homo sapiens (en contra de lo que muchos puedan pensar) están plagadas de claro-oscuros, teniendo que recurrir en muchas ocasiones a suposiciones más o menos razonables para rellenar los numerosos huecos en nuestras narraciones interpretativas de la apasionante historia evolutiva humana.

El siglo XXI se ha iniciado de la forma más espectacular que jamás pudieran haber imaginado los científicos que investigan el origen de los seres humanos. Hasta finales de los años noventa el supuesto homínido más antiguo conocido (Ardipithecus ramidus ramidus) contaba con una antigüedad de 4,4 millones de años (ma.). Este dato se consideraba de una antigüedad extraordinaria y, aunque no se descartaba encontrar homínidos de edad anterior pensar en la posibilidad de hallarlos era casi soñar. De ahí que el mundo de la paleontología humana se sorprendiera enormemente cuando Martín Pickford y Brigitte Senut anunciaron a primeros de diciembre del año 2000 que habían descubierto en las Colinas de Tugen, en la región keniata de Baringo, restos de un homínido bípedo de seis millones de años de antigüedad.

El espécimen en cuestión fue conocido inicialmente como Millenium man. Sin embargo, cuando en febrero del año siguiente sus descubridores hicieron la presentación oficial de sus estudios le asignaron el nombre técnico de Orrorin tugenensis. Para sus descubridores Orrorin sería el primer antepasado común de todos los homínidos. A través de los denominados Preanthropus (un nuevo género de homínidos compuesto por especimenes hasta ahora mal catalogados) Orrorin habría dado lugar al género humano. Según Pickford y Senut, Ardipithecus ramidus, por su parte, sería el antepasado común de los Australopithecus, pero no de los humanos.

Los descubridores de Ardipithecus rechazan esta interpretación cuestionando incluso el estatus de homínido de Orrorin, alegando que incluso podría tratarse del último antepasado común del género Pan (que incluye las dos especies de chimpancés actualmente reconocidas: Pan troglodites , conocido también como “chimpancé común”; y Pan paniscus, el mal llamado “chimpancé pigmeo”, que no es otro que el bonobo). Además, en julio de 2001, han aportado nuevos fósiles, asignados a Ardipithecus ramidus kadabba, con una antigüedad de casi 5,8 ma., insistiendo en la idea de que se trata del primer miembro de la familia homínida.

Lejos de quedar aquí la polémica, en el verano del 2002, el paloantropólogo francés Michel Brunet anunciaba el descubrimiento de un cráneo, popularmente conocido como “Toumaï”, asignado a un nuevo género y una nueva especie de homínido: Sahelanthropus tchadensis, y datado en una antigüedad que rozaba los siete millones de años. Algo realmente espectacular. Para Brunet, Sahelanthropus sería el primer representante de la familia homínida.

Sin embargo algunos científicos no han aceptado pasivamente esta propuesta. Pickford, Senut y Wolpoff han negado que Sahelanthropus sea un homínido. Algo que Brunet ha rechazado de plano. Por su parte los descubridores de Ardipithecus sostienen que Sahelanthropus podría ser un ardipitecino arcaico.

Como puede comprobarse, aún no está nada claro cuál fue el primer homínido. Es más, algunos autores incluso dudan que, por definición, pueda descubrirse algún día, ya que, consideran, sería imposible distinguirlo del último antepasado común de homínidos y chimpancés.

Homo sapiens en el norte de Africa

Homo SapiensEl Homo sapiens llegó a las costas africanas del mar Mediterráneo 35.000 años antes de los que creían los científicos hasta ahora. Ésta es la tesis que se desprende del estudio que investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania) han publicado en la edición digital de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) sobre los restos fósiles, en concreto restos dentales, más antiguos de un humano moderno encontrados en el norte de África.

Un equipo internacional de científicos ha determinado que el fósil de un niño descubierto en el yacimiento de Jebel Irhoud, a 100 kilómetros de Marrakech (Marruecos), en 1968 tiene una antigüedad de 160.000 años. Irhoud 3, nombre que han recibido los restos hallado, corresponde a un niño de alrededor de tres años que presenta una dentadura bien conservada.

Los investigadores estudiaron los patrones de crecimiento de los dientes del fósil utilizando imágenes de rayos X. Debido a los cambios rítmicos que tienen lugar en el crecimiento de los dientes durante horas, días y años, el desarrollo se registra de forma permanente en cada diente, en forma similar a tres anillos. Los investigadores descubrieron que el niño de Marruecos mostraba muchas de las características de los niños europeos modernos.

En comparación con otros dientes de homínidos, el patrón de crecimiento individual del fósil fue más similar a los Homo sapiens que a otros fósiles de especies de Homo, lo que implica un periodo de desarrollo e infancia de una extensión similar. Según los investigadores, estos resultados proporcionarán información sobre cuándo y cómo se originaron la anatomía y conducta humana, así como la relativamente larga infancia observada en los seres humanos.

Los restos más viejos hallados de un Homo sapiens fueron descubiertos en Etiopía en 1967 y tienen una antigüedad de 195.000 años. Sin embargo, es probable que los primeros Homo sapiens sean todavía más antiguos, posiblemente de hace 400.000 años.

La edad de piedra de los chimpaces

sábado, 17 de marzo de 2007

Foto: Max Planck Institute of Evolutionary AnthropologyUnos investigadores han encontrado evidencias de que los chimpancés del África Occidental cascaban nueces con herramientas de piedra aún antes del advenimiento de la agricultura humana, hace miles de años. Los resultados de la investigación sugieren que los chimpancés desarrollaron este comportamiento por su cuenta, o incluso que el uso de instrumentos de piedra es un rasgo heredado del ancestro común de chimpancés y humanos.

Las piedras extraídas por los investigadores muestran marcas características de su utilización para golpear nueces, comparables a las marcas en los primitivos instrumentos de piedra elaborados por los humanos, o en las piedras que emplean los chimpancés actuales. También encontraron diferentes tipos de residuos sobre las piedras, parte de ellos procedentes de las nueces locales que fueron partidas. Las herramientas tienen 4.300 años de edad, una antigüedad que, en términos humanos, corresponde a la Edad de Piedra Tardía.

Este estudio confirma que los ancestros de los chimpancés y de los humanos compartieron durante miles de años varios atributos culturales que anteriormente se consideraban exclusivos de los seres humanos, incluyendo el transporte de materias primas a través del terreno, su selección y preparación para un tipo específico de trabajo y un uso proyectado, y el empleo de recursos localmente disponibles. El conocimiento de los chimpancés sobre cómo cascar nueces es transmitido socialmente, y los nuevos descubrimientos presentados en este estudio muestran que tal comportamiento ha sido transmitido a través de muchas generaciones de chimpancés. La prehistoria del chimpancé tiene raíces profundas.

El estudio de nuestro pariente vivo más cercano desvela constantemente nuevos aspectos de la evolución humana. Una mejor protección de esta especie amenazada garantizará que podamos continuar descubriendo nuevas facetas de nuestro pasado.

La vida en la Tierra

viernes, 16 de marzo de 2007

La vida en la Tierra

La Tierra se formó hace 4.600 millones de años. Cerca de 1000 millones de años más tarde ya albergaba seres vivos. Los restos fósiles más antiguos conocidos se remontan a hace 3.850 millones de años y demuestran la presencia de bacterias, organismos rudimentarios procariotas y unicelulares.

Las condiciones de vida en esa época eran muy diferentes de las actuales. La actividad volcánica era intensa y los gases liberados por las erupciones eran la fuente de la atmósfera primitiva, compuesta sobre todo de vapor de agua, dióxido de carbono, nitrógeno, amoníaco, sulfuro de hidrógeno y metano y carente de oxígeno. Ninguno de los organismos que actualmente vive en nuestra atmósfera hubiera podido sobrevivir en esas circunstancias. El enfriamiento paulatino determinó la condensación del vapor y la formación de un océano primitivo que recubría gran parte del planeta.

La primera teoría coherente que explicaba el origen de la vida la propuso en 1924 el bioquímico ruso Alexander Oparín. Se basaba en el conocimiento de las condiciones físico-químicas que reinaban en la Tierra hace de 3.000 a 4.000 millones de años. Oparin postuló que, gracias a la energía aportada primordialmente por la radiación ultravioleta procedente del sol y a las descargas eléctricas de las constantes tormentas, las pequeñas moléculas de los gases atmosféricos (oxígeno, metano, amoníaco), dieron lugar a unas moléculas, cada vez más complejas, eran aminoácidos (elementos constituyentes de las proteínas) y ácidos nucleicos. Según Oparín, estas primeras moléculas quedarían atrapadas en las charcas de aguas poco profundas formadas en el litoral del océano primitivo. Al concentrarse, continuaron evolucionando y diverdificándose.

Todos los seres vivientes están formados por células cada una de ellas encerradas en una membrana rica en lípidos especiales que la aísla del medio externo. Estas células contienen los ácidos nucleicos ADN y ARN, que contienen la información genética y controlan la síntesis de proteínas. Así, la primera forma de vida terrestre probablemente fue una célula simple que encerraba un ácido nucleico similar al ARN dentro de una membrana rudimentaria capaz de reproducirse por división.

En el océano Pacífico a muchos miles de metros de profundidad, se han descubierto fuentes hidrotermales de agua que brota de una temperatura de 350 º C y está cargada de numerosas sustancias, entre ellas sulfuro de hidrógeno y otros compuestos de azufre. Alrededor de estas fuentes abunda la vida y proliferan unas bacterias quimiosintéticas que extraen su energía de los compuestos azufrados del agua y que, de este modo, reemplazan a los organismos fotosintéticos, que toman la energía de la luz solar (además, estas bacterias no pueden vivir en medios con oxígeno). Las condiciones de vida que reinan en la proximidad de estas fuentes recuerdan bastante a las comunes hace 3.500 millones de años. Por eso algunos investigadores defienden la idea de que la vida apareció en el fondo oceánico, cerca de estas fuentes hidrotermales, y no en la superficie, en las charcas litorales expuestas a luz solar intensa.

Fuese cual fuese el lugar en que surgió la vida, es seguro que los primeros seres vivos eran bacterias anaerobias, es decir, capaces de vivir en ausencia de oxígeno, pues este gas todavía no se encontraba en la atmósfera primitiva. De inmediato comenzó la evolución y la aparición de bacterias distintas, capaces de realizar la fotosíntesis. Esta nueva función permitía a tales bacterias fijar el dióxido de carbono abundante en la atmósfera y liberar oxígeno. Pero éste no se quedaba en la atmósfera, pues era absorbido por las rocas ricas en hierro. Hace 2.000 millones de años, cuando se oxidó todo el hierro de las rocas, el oxígeno pudo empezar a acumularse en la atmósfera.

Su concentración fue aumentando y el presente en las capas altas de la atmósfera se transformó en ozono, el cual tiene la capacidad de filtrar los rayos ultravioletas nocivos para los seres vivos. A partir de este momento se asiste a una verdadera explosión de vida. Los primeros organismos eucariotas aparecieron hace unos 1.500 millones de años y los primeros pluricelulares hace unos 670 millones. Cuando la capa de ozono alcanzó un espesor suficiente, los animales y vegetales pudieron abandonar la protección que proporcionaba el medio acuático y colonizar la tierra firme.
 

2010 ·Genoma y Vida by TNB